PEREZA: '5 minutos, más o menos'

Desconectó la alarma con un torpe movimiento mecánico y se dio los cinco minutos de siempre. Y como siempre, apenas notó cómo ella, silenciosa, dejaba su cama.
Al despertar, tan tarde como de costumbre, tampoco aquel día reconoció la mezcla de olores de todas las mañanas no vividas que le habían abandonado.

IRA: 'Por siempre'

Mariposas en la barriga, la sangre encendida, cosquillas en la nuca, la vida de color rosa, sonrisa permanente, las manos como tontas,... amor.
Color de Amaranto, la flor que nunca muere, salpicado en el suelo de su habitación.
Úlceras en sus entrañas, venas inflamadas, arde la base de su cráneo, ven borroso ojos irritados, mandíbula encajada, los nudillos perlados,... dolor.
Ahora, ahora sí compartirían la eternidad, porque sólo quien amó desde lo más hondo de su alma puede odiar hasta consumirla.

AVARICIA: 'Sólo mía'

La acariciaba mentalmente cada noche en el silencio de su soledad, vacío y cansado. La había acumulado durante tanto... al principio tímidamente, como en privado, más tarde a manos llenas, ajeno a todas las miradas primero reprobatorias y celosas después. Le gustaba recordar cómo había ido perdiendo su familia, la confianza de sus amigos o el respeto de sí mismo cada vez que añadía un poco más al montón.
Se tapó la boca, conteniendo una risa complaciente. Ya era suya, toda la que era capaz de abarcar, y sonreía pensando que nadie, ni siquiera él, podía arrebatarle toda su miseria.

GULA: 'Vacío'

Se dedicaba metódicamente a ello en cada momento y con la mayor de las diligencias, sin tomar vacaciones ni festivos. Le gustaba aquel trabajo, disfrutaba con cada paletada pese al sudor y el esfuerzo que algunos días tenía que soportar, pero jamás se quejó.
Lo adoraba, y se entregaba.
Porque sabía que hay que ser muy constante para conseguir llenar un agujero con vacío.

LUJURIA: 'Ca(n)dencia'

Recorría veloz su piel, alimentándose del placer contenido y el deseo reprimido en cada uno de sus rincones. Se deslizaba sinuosa por un cuerpo abotargado, de mente ausente y alma consumida cuya única función era sucumbir al lametazo de su trayecto acelerado en cuyo apogeo, sabiéndose soberana y esclava, se precipitó desde una frente perlada, sólo iluminada por los decadentes reflejos de una amoralidad televisada.

SOBERVIA: 'Un hombre libre'

Existió una vez un hombre, un hombre libre, que no debía pleitesía a ningún Rey ni ningún tirano lo ocultaba bajo su sombra. Era un hombre libre, dueño de sí mismo, encerrado bajo los muros de su ser, custodiado por sus convicciones, sepultado por sus anhelos.
Existió una vez un hombre, un hombre libre, que soñaba con escapar de sí, con volar sobre la alambrada de su vida y correr descalzo más allá del horizonte de sus posibilidades.
Existió un hombre así, un hombre libre, que se sabía preso por cuanto amaba de sí mismo.

ENVIDIA: 'Sombra'

El último vistazo furtivo no disipó aquella sensación de acoso, así que aceleró el paso. Al llegar apresurada al portal decidió girarse, pero sin resultado, hasta que miró hacia abajo para descubrir en el suelo una vida a la expectativa que la observaba de soslayo. Entre enternecida y divertida se agachó para acariciarle la cabeza. "Te llamaré Envidia" - le dijo.
Envidia mascullaba casi sin aliento, maldiciendo lo rápido que la vieja y loca Felicidad olvidaba que siempre permanecía un paso tras ella.

 

 

- B. Guillesi